LA FILOSOFÍA
MEDIEVAL
A diferencia de lo que había ocurrido con la filosofía griega, que había
centrado su reflexión en torno a la determinación del objeto, la filosofía medieval centrará su interés
en Dios. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la
divinidad, quedando
subordinada la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la
sociedad, etc. al conocimiento que se pueda obtener de lo divino.
La fe, que
suministra las creencias a las que no se puede renunciar, tratará de entrar en
diálogo con la razón. La inicial
sumisión de la razón exigida por la fe, dejará paso a una mayor autonomía propugnada por Santo
Tomás de Aquino entre otros, que conducirá, tras la crisis de la
Escolástica, a la reclamación de la independencia de la razón con la que se
iniciará la filosofía moderna.
San
Agustín de Hipona (354 - 430)

Biografía y obras
Agustín nació el año 354 d.c. en Tagaste (ciudad
conocida en la actualidad como Souk Ahras, en Argelia). Hijo de Patricio, un
pequeño propietario rural, y de Mónica, nació en el seno de la familia con una
posición económica desahogada, lo que le permitió acceder a una buena
educación. Sus primeros estudios los realizará en Tagaste, continuándolos en la
cercana ciudad de Madaura; a partir del año 370 estudiará en Cartago,
dedicándose principalmente a la retórica y a la filosofía.
Pese a los esfuerzos de su madre, Mónica, que le había
educado en el cristianismo desde su más tierna infancia, Agustín llevará en
Cartago una vida orientada hacia el disfrute de todos los placeres sensibles.
En esa época convivirá con una mujer con la que tendrá un hijo, Adeodato, el
año 372.
Se adhiere a las teorías de los maniqueos, hacia el
año 373, aunque lo abandonará decepcionado en el 383. Ese mismo año se
trasladará a Roma, y luego a Milán, donde enseña retórica. Escuchando los
sermones del obispo de Milán, san Ambrosio, se acercará al cristianismo. En
este período descubre también la filosofía neoplatónica, leyendo las obras de
Plotino y las epístolas de San Pablo.
En el año 386 se convierte el cristianismo. El año
siguiente se bautiza en Milán y opta por una vida ascética y casta. Tras la
muerte de su madre, se traslada a África el año 388, estableciéndose en Tagaste
donde fundará un monasterio en el que permanecerá hasta el año 391. Dicho año
se trasladará a Hipona, (actualmente Annaba, también en Argelia), donde será
consagrado sacerdote por el obispo Valerio. Allí fundará otro monasterio, en
terrenos cedidos por el obispo, desarrollando una fecunda actividad filosófica
y religiosa, destacando el carácter polémico contra las diversas herejías
(donatistas, pelagianistas...) a las que se enfrentaba el cristianismo, y que
San Agustín consideraba el principal problema con el que habría de enfrentarse.
El año 396 es nombrado obispo de Hipona hasta su muerte en el 430. Su
activa producción filosófica y religiosa abarcará más de 100 volúmenes, sin
contar las Epístolas y Sermones.
San Agustín ha dejado una obra inmensa de la que destacaremos
a continuación algunos de sus títulos más significativos:
·
Del libre
albedrío
·
Confesiones
- La ciudad de Dios
La filosofía de Agustín de Hipona
Cuando San Agustín
comienza la elaboración de su síntesis filosófica parte ya de una previa
adaptación de la filosofía al cristianismo realizada por los pensadores
cristianos de siglo III, fundamentalmente.
En su obra analizará los distintos
sistemas filosóficos griegos mostrando una especial admiración por Platón, recibiendo una fuerte influencia del neoplatonismo así como del estoicismo,
del que aceptó numerosas tesis. Por el contrario el epicureísmo, el
escepticismo y el aristotelismo serán objeto de rechazo. La magnitud, la
profundidad y, no obstante, la novedad de su obra le convertirán en un pensador
con una gran influencia continuada a través de los siglos en el cristianismo.
La
relación entre razón y fe
No hay una distinción
clara entre razón y fe en la obra de San Agustín, lo que marcará el discurrir
de todo su pensamiento. Existe una
sola verdad, la revelada por la religión, y la razón puede contribuir a
conocerla mejor. "Cree
para comprender", nos dice, en una clara expresión de predominio de la fe; sin la
creencia en los dogmas de la fe no podremos llegar a comprender la verdad, Dios
y todo lo creado por Dios; "comprende
para creer", en clara alusión al papel subsidiario, pero
necesario, de la razón como instrumento de aclaración de la fe: la fe puede y debe apoyarse en el
discurso racional ya que, correctamente utilizado, no puede estar en desacuerdo con la fe, afianzando
el valor de ésta.
Esta vinculación profunda entre la razón y la fe será una
característica de la filosofía cristiana posterior hasta la nueva
interpretación de la relación entre ambas aportada por santo Tomás de Aquino, y
supone una clara dependencia de la
filosofía respecto a la teología.
El
problema de Dios
El tema que más ocupa
a San Agustín es el tema de Dios. Su filosofía es predominantemente una
teología, siendo Dios no sólo la verdad a la que aspira el conocimiento sino el
fin al que tiende la vida del hombre,
que encuentra su razón de ser en la beatitud, en la visión beatífica de Dios
que alcanzarán los bienaventurados en la otra vida, para cuya obtención será necesario el concurso de la gracia
divina.
San Agustín encuentra a Dios en el interior del
hombre, a donde acostumbra a dirigirnos para encontrar en nosotros la
verdad. Es precisamente por ese camino por el que vamos a encontrar la que
suele considerar con propiedad la demostración de la existencia de Dios a
partir de las ideas o verdades eternas: el fundamento
de tales verdades inmutables no puede estar en las cosas creadas, que
son cambiantes, sino que ha de estar
en un ser inmutable y eterno, a su vez, es decir, en Dios.
Respecto a la creación, es el resultado de un acto
libre de Dios. Rechaza la visión griega que consideraba la materia como
eterna, afirmando la verdad de un acto creador por parte de Dios. Agustín
entiende el mundo como creación de Dios. Este concepto de “creación” no tiene
correlato en el pensamiento griego; es un concepto puramente religioso que
implica el surgimiento del ser, de lo que existe, a partir de la nada. Ya desde
Parménides se tiene claro que de la nada, nada puede surgir… sin la
intervención de Dios, añaden los autores cristianos.
La creación es entendida
como un acto libre de Dios: Dios crea, “porque quiere”. No obstante, las
esencias de todas las cosas creadas se encontraban en la mente de Dios como ejemplares
o modelos de las cosas, tanto de las creadas en el momento
original como de las que irían apareciendo con posterioridad, es decir, de todo
lo posible, pero no existente todavía. Es el llamado ejemplarismo, que se complementa con la
teoría, de origen estoico, de las rationes seminales (razones
seminales).
Los seres materiales se componen de materia y forma, pero
no todos han sido creados en acto desde el principio del mundo. En el momento
de la creación Dios depositó en la materia una especie de semillas, las
rationes seminales, que, dadas las circunstancias necesarias, germinarían,
dando lugar a la aparición de nuevos seres que se irían desarrollando con
posterioridad al momento de la creación.
El
conocimiento
Aunque sin llegar a
elaborar una teoría del conocimiento San Agustín se ocupará de establecer las
condiciones en las que se puede dar el acceso a la verdad, según el ideal
cristiano de la búsqueda de Cristo y la sabiduría.
Distinguirá varios tipos
de conocimiento: el conocimiento sensible y el conocimiento
racional; el conocimiento racional, a su vez, podrá ser inferior y
superior. El conocimiento sensible es el grado más bajo de
conocimiento y, aunque realizado por el alma, los sentidos son sus instrumentos; este tipo de conocimiento
sólo genera en mí opinión, doxa, tipo
de conocimiento sometido a modificación, dado que versa sobre lo
mudable (puede observarse la clara dependencia platónica del pensamiento
agustiniano); al depender del objeto (mudable) y de los sentidos (los
instrumentos) cualquier deficiencia en ellos se transmitirá al conocimiento que
tiene el alma de lo sensible.
El conocimiento
racional, en su actividad inferior, se dirige al conocimiento de lo que hay de universal y
necesario en la realidad temporal, y es el tipo de conocimiento que
podemos llamar ciencia (como
los conocimientos matemáticos). Ese tipo de conocimiento depende del alma, pero se produce a raíz del "contacto"
con la realidad sensible, siendo ésta la ocasión que permite que la
razón origine tales conocimientos universales.
El conocimiento
racional, en su actividad superior, es llamado por San Agustín sabiduría; es el auténtico
conocimiento filosófico: el
conocimiento de las verdades universales y necesarias, las ideas,
siguiendo a Platón. Hay, pues, una gradación del conocimiento, desde los
niveles más bajos, sensibles, hasta el nivel más elevado, lo inteligible, la
idea: "Las ideas son formas arquetípicas o esencias permanentes e
inmutables de las cosas, que no han sido formadas sino que, existiendo
eternamente y de manera inmutable, se hallan contenidas en la inteligencia
divina" (De ideis, 2).
Las ideas se encuentran, pues, en la mente de Dios. ¿Cómo se alcanza el conocimiento de las
ideas? Dado su alejamiento de lo sensible, realidad en la que se encuentra el
hombre, las ideas sólo se pueden conocer mediante una especial iluminación
que Dios concede al alma, a la actividad superior de la razón. El verdadero conocimiento depende, pues,
de la iluminación divina.
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